El problema de una vidriera no es el tamaño: es el sol. Un display de interior puesto contra el vidrio se ve lavado durante todo el día y además se recalienta hasta dañarse.

Estas pantallas superan los 2.500 nits —varias veces el brillo de un televisor doméstico— con tratamiento antirreflejo y disipación reforzada para trabajar detrás del vidrio. Hay versiones de una cara y de doble cara, para mostrar contenido hacia la calle y hacia adentro del local al mismo tiempo.

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