Una pizarra funcionaba bien hasta que la mitad del equipo pasó a trabajar remoto. Desde entonces deja afuera a quien no está presente: no la ve bien, no puede escribir, y lo que se anotó se pierde al borrar.

Una pizarra digital pone a todos sobre la misma superficie. Se escribe con el dedo o con el lápiz, quien está remoto ve y participa en tiempo real, y la sesión se guarda y se comparte al terminar en lugar de desaparecer.

Los modelos que trabajamos integran además cámara y audio, así que reemplazan a la pantalla, la cámara de sala y la pizarra en un solo equipo colgado de la pared.

Contanos cómo trabaja tu equipo y te decimos qué corresponde.

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